Primera opción a la política de la Basura-Cero

Entre las opciones a la Política de Basura-Cero anoté cuatro en una entrada anterior. Explicaré en qué consiste cada una. Ahora empiezo con la 1.

Opción 1
Yo pongo mis residuos en una bolsa y lo demás se lo dejo al sistema de limpia de la ciudad.

Esto es lo que la mayoría de las personas hemos venido haciendo hasta hace poco. Ahora nos damos cuenta, desgraciadamente, de que es poco. Debemos hacer mucho más. Sobre todo, debemos involucrarnos en los procesos de manejo y disposición final de la basura si no queremos tener problemas de contaminación, en especial de agua y aire.

¿Por qué es que poner la basura en bolsas para que las lleve el carro de limpia municipal no es suficiente? Así lo hacía mi madre, y su madre antes que ella.

Resulta que hasta hace relativamente poco tiempo, la “disposición final” de la basura consistía en tirarla en terrenos baldíos lejanos, así de simple. La ubicación de los terrenos era, de preferencia, en las afueras de las ciudades; como quien dice, si no lo veo no me hace daño. La mayor parte de la poca basura que se generaba era orgánica, cien por ciento bio-degradable. Así que no representaba ningún problema, excepto para los vecinos de los predios a donde la tirábamos. Conforme la cantidad de personas que vivimos en las ciudades aumentó, y la complejidad de la vida moderna y los mecanismos de mercado alentaban el consumo, así aumentaba la producción de residuos. Al mismo tiempo, se incorporaba el uso de un conjunto cada vez más complejo de sustancias nuevas, muchas de ellas xeno-bióticas, es decir, sustancias artificiales que no tenían paralelo en la biosfera, tanto en la industria como en los productos de consumo. Naturalmente, todas esas sustancias, tarde o temprano, pasaban a ser parte del río de RSU que salían de las ciudades en los carros de basura. Esto, aunado a la cantidad creciente de basura provocó un cambio en la percepción del asunto. Se provocaba mucha contaminación y había el riesgo de que sustancias tóxicas contaminaran el agua y el suelo. Se iniciaron estudios al respecto y, al mismo tiempo, se desarrolló la tecnología del relleno sanitario.

Los estudios mostraron que la basura sí contaminaba mucho, incluso que la fermentación o descomposición de la basura generaba biogás, una mezcla de gases rica en metano, mezcla que era combustible. Finalmente, hoy sabemos que el metano es un gas con efecto de gas invernadero y que, como tal, tiene un poder superior al del CO2.

Las personas que se han interesado en estudiar este asunto han establecido lo siguiente: En 1950, el ciudadano mexicano promedio producía menos de medio kilogramo de basura al día. En 2010, el ciudadano promedio genera alrededor de 1.3 kilogramos de basura por día. Producimos más del doble de basura por persona que hace sesenta años.

Actualmente, en Morelos, por ejemplo, existe un relleno sanitario que funciona bien y que trabaja de acuerdo a la NOM-083. Este relleno sanitario regional se llama La Perseverancia y está en el oriente del municipio de Cuautla, casi en los límites con el municipio de Villa de Ayala, o Ciudad Ayala. La Perseverancia está recibiendo (julio de 2012) entre 600 y 800 Ton RSU/día. La población del estado de Morelos supera con mucho el millón de habitantes, somos exactamente 1’777,227 habitantes (según el censo de INEGI de 2012). Esto significa que producimos alrededor de 2,310 Ton/día de RSU entre todos (sí, son dos mil tres cientas toneladas por día).
Que al relleno sanitario de La Perseverancia estén entrando entre 600 y 800 Toneladas diarias significa que más de 1500 Toneladas de RSU están siendo tiradas en basureros al aire libre y en tiraderos clandestinos ¡cada día!

Multitud de terrenos y barrancas están siendo contaminadas con basura que, a los pocos días, huele mal. Con las lluvias, la basura se moja, el agua, el disolvente universal, disuelve algunas sustancias y acarrea estas y otras, en suspensión, formando lo que se llaman los lixiviados, lo que en las charlas de café se llama “el jugo de la basura”. Estos lixiviados pueden ser tóxicos. El agua que corre bajo la tierra, fenómeno común en Morelos, es el agua que antes, días o semanas antes, cayó del cielo, limpia, en forma de lluvia. Cuando pasa por debajo de un terreno con basura se contamina con los lixiviados y cambia su calidad de agua, de agua potable, fuente de vida, a agua sucia y difícil de tratar para su aprovechamiento.

Cuando el terreno que recibe la basura es grande y los que llevan basura allí son muchos, como ocurre en algunos lugares, la basura es amontonada de forma que a los pocos días ocurre un fenómeno muy simple pero de consecuencias grandes a largo plazo. La descomposición de la basura pasa de aeróbica, es decir, en presencia de oxígeno, a anaeróbica, es decir, en ausencia de oxígeno. Este simple cambio provoca aumento en la temperatura de la basura y la producción de gases como efecto secundario. Cuando ha pasado bastante tiempo, uno de estos gases empieza a ser más y más abundante en la mezcla. Ese es el gas metano. Este proceso puede continuar por mucho tiempo. Esta es la razón por la que los incendios son tan comunes en los tiraderos a cielo abierto. La mayoría de los gases del biogás son combustibles, pero el metano es un combustible excelente. El biogás, cuando no se quema o aprovecha, se escapa a la atmósfera. Así, los terrenos que reciben basura de manera irregular y no son trabajados como debe ser, son fuente de contaminación de agua y de aire.

 

 

Opciones actuales a la política de “Basura – Cero”

La resistencia de la población y los grupos ecologistas a los rellenos sanitarios es muy notable en Morelos. Supongo, por las noticias que leo de otros lugares, que los rellenos sanitarios tienen muy mal nombre en todo el país.  Existen pocas opciones para tratar con los residuos sólidos urbanos (RSU).  Aquí pongo varias opciones las que detallaré después.

Opción 1
Yo pongo mis residuos en una bolsa y lo demás se lo dejo al sistema de limpia de la ciudad (Podríamos llamarla: Estrategia “no pasa nada”, o “me vale”) Esta estrategia se basa en una percepción individualista del asunto de los RSU. Cada quien hace su parte si cumple con las reglas establecidas en la ley. En muchos municipios, de hecho, en muchos estados de la república mexicana, no se establecen las conductas de separación de RSU de los ciudadanos como obligatorias. En otros, se pide a los ciudadanos que separen sus RSU en dos categorías: orgánicos y no-orgánicos. Así que en algunos casos, con llevar dos bolsas con residuos correctamente separados al lugar de colecta es suficiente. ¿A dónde van los RSU? Eso ya es responsabilidad de otra persona.

Opción 2
Rellenos Sanitarios y una política a largo plazo en materia de residuos sólidos urbanos como la existente (Podríamos llamarla: Cuando el futuro nos alcance, esperamos estar ya todos muertos o ciegos y sin olfato.  Otra forma de llamarla sería “Ya tenemos las leyes que necesitamos en materia ambiental, sólo requerimos cumplirlas cabalmente”.  Es  semejante a la anterior, pero acepta la existencia de los rellenos sanitarios y los acepta como una solución al problema de los RSU). En esta opción, se establece claramente que los RSU deben ir, por ley, a un relleno sanitario que cumple con la NOM-083 (la norma oficial mexicana vigente en materia de RSU y rellenos sanitarios). Pero no es una solución definitiva.

Opción 3
Estrategia de Basura – Cero en la que los rellenos sanitarios juegan un papel importante en una primera etapa y que implica un plan de implementación de dicha estrategia a nivel estatal para una fecha próxima futura, por ejemplo, 2021, el bicentenario de la consumación de la independencia. (Podríamos llamarla estrategia de optimización por aproximaciones sucesivas. Esta opción es la que más me gusta).  Esta estrategia implica que actualmente estamos viviendo una etapa de transición, es decir, lo que hacemos ahora separando los residuos y llevándolos a un relleno sanitario para su disposición final, es algo que no consideramos óptimo, pero es necesario para lograr la solución definitiva que es no generar basura en absoluto.

Opción 4
Cero-Basura hoy. Esta estrategia no acepta compromisos ni componendas, se trata de implementar la mejor solución posible ahora a como de lugar. (Podríamos llamarla la estrategia de los ricos riquísimos en la que los políticos a cargo de las decisiones en la materia están dispuestos a endeudarse  -endeudar al gobierno, es decir, endeudarnos a todos los ciudadanos que pagamos impuestos- para resolver inmediatamente un problema que los mismos u otros políticos han estado posponiendo y que creen que la tecnología de punta de la actualidad se puede comprar y aplicar inmediatamente sin necesidad de entrenar personal propio y nos resolverá el problema para siempre).   Desgraciadamente, para que una estrategia como esta se pueda implementar se necesita cumplir con otras muchas conductas, actitudes, inversiones y desarrollos tecnológicos que aun no tenemos. (Por eso es mejor la 3)

Opción 5

“No al relleno sanitario” (Estrategia tipo candidata a diputado por el Partido Verde, Juanita Guerra) Esta es la postura de los que se oponen al relleno sanitario sin ofrecer una opción. Dicen “Yo no tiro basura, yo separo mis residuos sólidos”. ¿Y a dónde van esos residuos sólidos separados cuando ya no los quieren en casa? Es necesario tener un lugar de disposición final para los RSU una vez que salen del mercado, es decir, una vez que ya no hay compradores que estén interesados en adquirirlos porque aprovecharlos sale más caro que comprar las materias primas nuevas. (Esta no es una opción real; el relleno sanitario es un mal necesario)

Opción 6

Quemar la basura. Esta es una opción interesante si se adopta como parte de una estrategia más amplia y si al “quemar” la basura se hace bien. El problema con la costumbre de quemar la basura es que se hace en condiciones muy lejos de las óptimas.  La costumbre en Cuernavaca, por ejemplo, es echar todo tipo de desperdicios en un montón, sobre el suelo. Esos desperdicios incluyen cortes de jardín, que es donde suelen quemar la basura, varas, restos de comida y todo tipo de desperdicios del hogar incluyendo, a veces, pañales desechables. Desgraciadamente esta es una de las formas más contaminantes de disponer de los residuos. Sí hay estrategias de disposición final de la basura que incluyen la incineración entre las opciones de solución tecnológica. En un futuro escribiré más a respecto.

Hacia una Política de BASURA-CERO

Hacia
Basura Cero

Por: Manuel Algara Sánchez de las Matas

 

La idea de generar lo menos posible de desperdicios debe concebirse no sólo desde la conducta de los consumidores sino desde el diseño de los satisfactores y como parte de una estrategia de estado en cuestiones de economía y desarrollo. Que los consumidores hagamos nuestra parte limpiando, separando, reduciendo el consumo y reciclando en la medida de lo posible es una meta loable y digna de todo nuestro apoyo; es muy importante y es necesario. Debemos ayudar a los consumidores en esta tarea, pues es un trabajo no remunerado, un trabajo voluntario pero esencial para disminuir el flujo de desperdicios hacia los rellenos sanitarios. Igual que le pedimos a la gente que se lave las manos para evitar el contagio de enfermedades, como la influenza y algunas enfermedades diarréicas, lo cual redunda en un beneficio para todos y a nadie se le paga por lavarse las manos, de la misma manera debemos apoyar y difundir las buenas prácticas de separación. Una forma es la ubicación de botes para desperdicios con color, letrero y dibujo que le permita a las personas separarlos con facilidad. Deberían estar, este tipo de contenedores, en todas las tiendas, todos los comercios, todas las escuelas, todas las oficinas.

Eso ya sería un gran avance. Sin embargo, no es suficiente, de hecho, es poco si no se hacen otras cosas. Si no se incluye el diseño de los bienes de consumo y todo el modelo de producción y comercialización, y las leyes que los regulan, se omite una parte esencial del problema: el consumismo y el modelo económico que se basa en él.

El asunto del aumento en la producción de la basura lo hemos creado nosotros mismos. Como referencia: En 1950, un mexicano producía medio kilogramo de basura al día, hoy producimos, en las ciudades un promedio de 1.3 Kg (un kilo y trescientos gramos) de residuos sólidos por persona cada día.

Hace no mucho tiempo, casi todo lo que consumíamos en nuestras casas era biodegradable o reciclable. No había gran cosa de desperdicios y casi todos ellos eran, por fuerza, biodegradables o reciclables. El ejemplo que más me gusta es el de la leche y el pan, porque yo lo viví de niño y algunos de ustedes pueden todavía entender de qué hablo… además se puede ver en las películas de época… La leche la repartía un ranchero en su carromato jalado por caballos, en botellas de vidrio de un litro llenas que canjeaba por botellas iguales limpias y vacías que recogía de la puerta de cada domicilio una o dos veces por semana. Los rancheros más modernos y con mayor producción tenían un trato con repartidores que tenían camionetas motorizadas, las botellas tenían un logotipo impreso o labrado, o el letrero estaba en el tapón, pero la idea esencial era la misma y las botellas de vidrio eran casi iguales y eran reutilizadas y reciclables. El único desperdicio era el tapón. Recuerdo que esa leche era muy sabrosa y entera, se le formaba una capa de nata arriba. Mi mamá hizo pastel de nata más de una vez. El pan lo íbamos a comprar a la panadería de la colonia y nos lo entregaban en bolsas de papel-cartón. Las panaderías grandes daban bolsas que tenían impreso su nombre y un logotipo. Por lo demás, las bolsas eran iguales y eran reciclables. No había desperdicio ni en el consumo de leche ni en el del pan. La bolsa de papel-cartón se usaba dos o más veces, hasta que se rompía, y luego, esa bolsa se tiraba, pero era material reciclable. Se usaba para producir empaque para huevo. No había desperdicio.¿Por qué no, por ejemplo, se prohibe la venta de bebidas y alimentos en botellas y en empaques “no-retornables”? La prohibición de venta de bebidas en botellas no retornables ya se ha hecho en otros lugares, con consecuencias muy positivas a mediano plazo. A corto plazo sí provocó ligeros desajustes, desabasto de algunos productos, pero se corrigió muy pronto pues los fabricantes ya sabían que existía la demanda para su producto, lo único que tenían que cambiar era el envase y tenían que recoger los envases vacíos a la hora de entregar las botellas nuevas llenas. Era algo costoso, pero buena parte del costo se le pasaba al consumidor. Pero, además, esto ayudó a reactivar industrias locales de producción y envasado de bebidas y se reforzaron los mecanismos de comercialización de materiales recuperados a partir de los RSU.La llegada de la era moderna con las grandes empresas y las grandes fábricas cambió
los hábitos de consumo. En 2010, un mexicano producía, en promedio, 1.3 kilogramos de residuos sólidos, es decir un kilo y tres cientos gramos, más del doble que en 1950. Si a este aumento en el consumo de bienes y servicios va unido un aumento en la producción de residuos sólidos, a nadie le causa extrañeza. Sin embargo, hay dos consideraciones muy importantes. Primero, no somos la misma población que en 1950. Hoy somos más de ciento doce millones de habitantes, en 1950 eran (yo aun no había nacido) 25.8 millones. Si tomamos las dos cantidades y hacemos la multiplicación vemos la relación de la producción de RSU de 2010 a 1950:

Inicio, año 1950, población de México X producción de residuos por persona,  25.8 millones de personas X 0.5 Kg RSU / persona día = 12,900 Ton RSU / día
Final, año 2010, población 112.3 millones de personas X 1.3 Kg RSU / persona día = 145,990 Ton RSU / día

La población, como sabemos por las historias de “la explosión demográfica” de hace unas décadas, aumentó mucho: Cuatro veces en sesenta años … pero

¡La producción de RSU ha aumentado más de ONCE VECES! ¡Once veces en sólo sesenta años!

Segundo, muchos de los RSU que producimos hoy son tóxicos al ambiente y no existían o eran de consumo muy limitado en 1950. Por ejemplo, las pilas, las baterías para los controles remotos. Estos hoy son algo común, antes eran algo limitado a los aficionados al vuelo de aviones de control remoto. También existen hoy muchas sustancias xenobióticas que no existían en 1950. (Xenobiótico quiere decir artificial y ajeno a lo biológico, sustanicas extrañas a las producidas por el metabolismo de los seres vivos; por ejemplo, el bisfenol A, o BPA por sus siglas en inglés. El BPA es un componente que podemos encontrar en todos los plásticos. Se ha vuelo un componente clave en la síntesis de plásticos, desde el policarbonato al poliéster. Solo en E.E.U.U. se produce más de un millón de toneladas al año de este compuesto. Desde 1936 se sabe que el BPA mimetiza a los estrógenos uniéndose a los mismos receptores que la hormona esteroidea femenina. Los experimentos han demostrado que este compuesto puede promover el crecimiento de las células tumorales del cáncer de mama y disminuir la cantidad de espermatozoides. Especulando, es posible que esté conectado a otros tipos de cáncer. Lo que sí es verdad es que implica un riesgo y ya hay empresas fabricantes que han tomado esto en cuenta. Por ejemplo, hay fabricantes de biberones libres de BPA)

Hacia BASURA CERO

La leche no se compra ya en envases de vidrio reciclables, pues “son muy caros y pesados”, así que hoy la leche se vende en tetrabrik o en botes de cartón plastificado o en el envase más ligero de todos: bolsas de plástico. Todas, o casi todas, con letrero y logotipo impreso. Todas esas botellas, todos esos envases, todas esas bolsas se usan una sola vez. Aun peor es lo que se ha popularizado con los motivadores de la “comodidad” y el “ahorro de tiempo”. Hay envases de leche de medio litro, de un cuarto de un litro y hasta más chicos. Y todos ellos se usan una sola vez. Así que antes la leche sólo se compraba en envases de un litro o directo al productor, en cantidades mayores. Hoy se compra en envases de un litro y menores, hasta los envases de tamaño individual para el lunch de niño. Esto en sí no sería un problema si dichos envases fueran fácilmente biodegradables y/o reciclables y en efecto se llevaran a hacer composta o se usaran como materias primas para hacer otras cosas.

El pan todavía se puede comprar en la panadería de la colonia, pero la mayoría de las panaderías de hace tres o cuatro décadas han cerrado y muchos consumidores compran el pan en el súper-mercado, el súper, donde obtienen pan de caja, de una o dos marcas, en bolsas de plástico, con un lacito de metal y plástico, con letreros y logotipo impresos, y el pan dulce en bolsa o empaque de plástico. Todo ese plástico y todo ese material de empaque se usa una sola vez.

Ahora quiero dar un ejemplo de cambio en el diseño para mejor.

Tomemos las bolsitas de te. Lo tradicional en el ramo comercial es una bolsita con un hilo atado a una etiqueta individual. Cada bolsita tiene un hilo y una etiqueta. En muchos casos, la forma en que se unen la bolsa y la etiqueta con el hilo es mediante pequeñas grapas. Esta es una de las formas más comunes. Un fabricante que ha hecho un esfuerzo de diseño ha cambiado todo esto por una bolsita individual en forma de almohada. No hay hilo ni grapas ni etiqueta individual. Cualquiera diría que es un paso hacia atrás, que se pierde estilo, o clase, pero no lo es, en cambio sí es un paso en la dirección correcta. Aunque parece poco, se ahorra mucho y al final, todos esos hilos, grapas y etiquetas que no van pegadas a las bolsitas de te no terminan en el relleno sanitario. Pensando en un millón de personas que toman te, un millón de bolsitas de te en un día, hablamos de un millón de hilitos, dos millones de grapas y un millón de etiquetas de papel ahorrados.
El diseño moderno va un paso más adelante. La bolsita en forma de almohada está hecha de un papel fácilmente degradable, es decir, es biodegradable. Y el contenido de la bolsita, igual que antes, es materia vegetal, biodegradable, así que la bolsita ya usada se puede poner en la pila de composta sin necesidad de trabajo alguno por el consumidor.

El resultado es que no hay desperdicio y no hay necesidad de llevar nada al relleno sanitario pues la caja de cartón en que vienen las almohaditas de te es reciclable, el cartón se usa como materia prima para hacer más cartón y materiales de empaque.

No hay desperdicio = BASURA CERO.

El siguiente paso hacia BASURA CERO

Parte de las Relaciones Públicas (RRPP) es preparar las respuestas ante una crisis. La respuesta específica no puede ser planeada ya que se ignora, en casi todos los casos, cuál será la crisis. Sin embargo, sí se puede planear cómo se responderá ante una crisis. Por ejemplo, cuando se requiere publicar un documento para aclarar una situación especial, lo que algunos llamarían “respuesta inmediata ante una crisis”, es necesario tener ya una plataforma, un conjunto de relaciones con los medios, definiciones claras de qué es lo que se debe y lo que no se debe hacer.

En el caso de “La Perseverancia”, el relleno sanitario de Cuautla, debe entenderse la perspectiva del público. La empresa hace un servicio de manejo de residuos sólidos, es la permisionaria de un sitio de disposición final. Para la mayoría de las personas, los RSU y su disposición final son cosas de las que prefiere permanecer ajena. Sin embargo, todos pueden admitir, fácilmente, que son generadores de RSU. Si la “disposición final” se hace a través de un relleno sanitario controlado o a través de otros medios y procedimientos, eso es cosa que la gente no piensa, a menos que se le obligue a ello. Por lo tanto, es necesario crear ese conocimiento, esa conciencia, en los ciudadanos de Morelos, en especial los vecinos de Cuautla, para que identifiquen a “La Perseverancia” como parte de la solución al problema de la disposición final de los RSU. ¿Cuál es el problema de la disposición final de los RSU? Si los RSU no son manejados de manera apropiada provocarán contaminación indeseada, de agua, de tierra y de aire, proliferación de fauna nociva, y problemas de salud pública diversos. El manejo apropiado de un relleno sanitario, de acuerdo a la norma 083, que es la que tenemos ahora, evita estos problemas.

La sociedad en pleno puede discutir si quiere o no quiere tener un relleno sanitario, como “La Perseverancia”, al lado de su casa. Los ciudadanos de Cuautla pueden quejarse de que tienen un relleno sanitario dentro de su municipio. Ya quisieran los ciudadanos de otros municipios, como Cuernavaca, tener ese tipo de discusión. Pero en lo que todos estamos de acuerdo es que hoy por hoy estamos obligados a usar un relleno sanitario como este; por ejemplo, Cuernavaca no tiene mejor opción que el relleno sanitario de “La Perseverancia”.

Si queremos que no existan los rellenos sanitarios es importante crear las condiciones para sustituirlos por otros métodos; esto implicará un cambio en el conjunto de conductas de consumo, métodos de comercialización, distribución y fabricación de los bienes de consumo, y las empresas que recibirán los RSU para su tratamiento y disposición final. Tiene que haberlas, no se puede evitar la generación de RSU, se puede disminuir, se puede minimizar, pero no se pueden desaparecer. La generación de RSU es inherente a las actividades humanas. Las formas en que disponemos de ellos, las formas en que decidimos reusar o reciclar algunos materiales y no otros, los lugares a donde llevamos los RSU que ya nadie quiere aprovechar, esas son las cuestiones que debemos discutir, en esto es en lo que nos podemos poner de acuerdo. Si queremos una sociedad sin basura tenemos que definir una política de BASURA CERO.

Como encargado de Relaciones Públicas y Ecología del relleno sanitario “La Perseverancia” me siento obligado a participar en la que será la crisis de la basura dentro de unos años, es decir, cuando “La Perseverancia” ya no pueda recibir un kilogramo más de RSU, cuando, como en el Bordo Poniente en 2011, se ejecute su cierre definitivo.

El escenario idóneo, desde mi punto de vista, es que para ese momento ya se tenga resuelto el problema de la disposición final de los RSU como parte de una política de
Basura-Cero, es decir, que haya otras alternativas a “La Perseverancia” y que estas NO SEAN rellenos sanitarios.
La tierra es uno de los recursos naturales más preciados, y un recurso limitado. El relleno sanitario requiere de ese recurso valioso, finito y limitante que es la tierra. Usar tierra para enterrar basura es una forma poco inteligente de usarla. Es mejor plantar árboles, hacer un parque público, etcétera.

 

Los culpables, si se le quiere llamar así, de la siguiente emergencia sanitaria, seremos nosotros. Usamos demasiadas cosas, desperdiciamos demasiadas cosas y consumimos mucho sin pensar en las consecuencias ambientales. Creer que con separar algunos desperdicios de otros y llevarlos en bolsas separadas a la banqueta para que se los lleve el carro de basura es suficiente, es un error. Debemos hacer más. La gran mayoría de los llamados rellenos sanitarios de Morelos son en verdad tiraderos a cielo abierto y sin la adecuada disposición final de los residuos sólidos, de continuar así, en poco tiempo se podría generar una emergencia sanitaria. Antes de que eso ocurra debemos aprovechar la infraestructura actual y empezar a trabajar en su sustitución mediante un programa estratégico a largo plazo que incluya, propongo, una política de Basura-Cero.

 

 

Desarrollo Ecológico Sustentable. Segunda Parte.

Segunda Parte. Los Servicios que proporciona la Naturaleza al hombre.

La naturaleza proporciona de manera gratuita muchos servicios a la economía humana, a la humanidad, tantos que no es propio de este espacio listarlos. Pero para que la idea no quede “en el aire” voy a señalar algunos. Los ecosistemas, entre ellos los bosques, como purificadores de aire, reciben la contaminación de las ciudades, gracias a los movimientos del viento provocados por la interacción del Sol y la Tierra, y al filtrar el aire, aprovechan el CO2 y lo convierten en biomasa, limpiando del aire parte importante de la contaminación como un subproducto; el aire renovado, limpio y rico en oxígeno, circula por la atmósfera. Ese CO2 es atrapado por los ecosistemas en tan grandes cantidades y con tal eficiencia que no nos habíamos dado cuenta. El mar, las praderas, las selvas, los campos de cultivo y los bosques, a pesar de un aumento de muchas veces en la emisión de CO2 a la atmósfera por las fábricas, las termoeléctricas, los automóviles, las chimeneas y las estufas durante todo el siglo pasado, han logrado mantener la concentración atmosférica de este gas casi constante.
A principio del siglo XX la concentración de CO2 atmosférica era de alrededor de 0.2% y hoy, a principios del siglo XXI, la concentración promedio apenas excede el 0.3%. Sin embargo, el aumento en la emisión de CO2 por las actividades humanas durante el mismo lapso no fue de 0.1%, ni siquiera de uno o dos por ciento, se estima que fue de más de 24 veces (Expresado de manera porcentual sería 2,400 %).
Aunque algunos científicos dicen tal aumento en la concentración de CO2 puede provocar un efecto invernadero de proporciones catastróficas, nadie le da mucha importancia a esa función de los seres vivos, de los ecosistemas, que ha mantenido la concentración del gas por debajo del 1%, y lo siguen dando por descontado.

Otro ejemplo interesante es el de la participación de los seres vivos de los bosques, las selvas y los mares en el reciclaje de elementos químicos. Damos por hecho que el carbono, el oxígeno y el nitrógeno siempre serán componentes principales de la atmósfera. Pero pocos se dan cuenta de que estos elementos son componentes esenciales de las proteínas y de casi todas las sustancias orgánicas que componen las células. No hay una célula que no tenga estos elementos. La materia orgánica se descompone tras la muerte y gracias a una multitud de especies que se encargan del fenómeno de reciclado de los cadáveres y a unas pocas especies que se encargan de la fijación de los gases atmosféricos es que el equilibrio en la composición de la atmósfera se mantiene. Pero lo mismo ocurre, aunque mucho más lentamente, con los otros elementos químicos, que pasan por los ciclos sedimentarios y no a través de la atmósfera. Todos esos ciclos de los elementos químicos son llamados ciclos bio-geo-químicos, y entre todos mantienen una homeostasis planetaria entre la vida y la materia inerte precisamente gracias a la intervención activa de miles de especies. Esta es una de las bases de la “Hipótesis de Gaia” de Lovelock.

En este mismo orden de ideas, cuántos cadáveres de cuántos animales y plantas han sido convertidos durante millones de años en “materias primas” para el crecimiento de las plantas. La mayoría de los “desperdicios” orgánicos, hasta hace muy poco tiempo, en escala planetaria, eran reciclados de manera automática por millones de animales, hongos y bacterias y finalmente formaban parte de nuevas plantas.

Hoy estamos tirando en los basureros municipales los desperdicios orgánicos mezclados con otros tipos de desperdicios sólidos de manera que ese fenómeno portentoso de limpieza planetaria está en peligro y nos estamos hundiendo en basura maloliente. Este problema se percibe más claramente en lugares como Cuernavaca y Temixco, en el estado de Morelos, México, o en Nápoles, Italia, debido a la falta de previsión de las autoridades locales que han ignorado el problema de la basura por décadas. Pero no es un problema sólo en estos pocos lugares, es un problema global; y son los países más industrializados y de economías en crecimiento donde los problemas de recuperación y reciclado de residuos sólidos son más acuciantes.

Otro de los servicios que provee gratuitamente la naturaleza a los seres humanos está restringido a la agricultura, pero es igualmente importante, si no es que más. Se trata de la polinización. ¿Cuántas especies de plantas cultivadas son polinizadas por las abejas, las avispas, las moscas, los murciélagos, los colibríes y otros animales? Son muchas, casi todas las especies de importancia comercial lo son, y el número de flores involucrado en simplemente gigantesco. Aunque sí es posible hacer la polinización a mano en la mayoría de los casos, en todos ellos significaría aumentar los costos agrícolas de manera muy importante, tanto que algunas frutas serían prohibitivas para la mayoría de la población que hoy las consume porque las consigue baratas.

Desarrollo Ecológico Sustentable. Primera Parte.

Hacia el
Desarrollo Integral Dinámico y Ecológico (DIDE)
O cómo
Incluir la protección ambiental en la producción e integrar la economía en la ecología.
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Por: Manuel Algara

Primera Parte de Cinco. Ideas y Conceptos.
El Eco-Desarrollo (antes conocido como “Manejo Racional de los Recursos Naturales” (muy largo), después como “Desarrollo Verde” (deja mucho a la imaginación), ahora también conocido como “Desarrollo Sostenido” o “Desarrollo Sustentable”) es un concepto interesante y es compatible con un pensamiento capitalista, racional y holístico, que integre a la Naturaleza en total, como parte de los activos y servicios de las finanzas. O mejor dicho, que integre las finanzas y la actividad humana en los procesos de la naturaleza. El Eco-Desarrollo prefiero definirlo como un Desarrollo Integral Dinámico y Ecológico (DIDE) que pretende incluir los procesos de protección como parte de los procesos de producción y a los servicios que nos brinda la naturaleza y sus ecosistemas entenderlos como el marco en el que se inserta la economía humana. Por lo tanto, podemos decir que la economía hay que integrarla a la ecología. También podemos decir que se trata de que la economía tradicional deje de considerar a los servicios que nos proporciona la naturaleza como externalidades, lo mismo que a las condiciones de vida de los humanos. Es decir, respirar aire limpio, beber agua potable de buena calidad, comer comida nutricia y sin contaminantes ni riesgos sanitarios y poderse guarecer en el evento de una tormenta, tener un seguro médico y un seguro de desempleo, a todos estos se les debe incluir en los cálculos y dárseles un valor de mercado. Así, a la parte de la sociedad que sí satisface sus necesidades de manera idónea, en el sentido marcado, se la puede considerar y darle nombre, como se considera a la parte de la población que es económicamente activa, que no son necesariamente las mismas personas.

La diferencia entre el Eco – Desarrollo y la Eco – Economía y las formas antiguas de percepción y contabilidad del desarrollo y de las finanzas de las empresas capitalistas está en que el Eco – Desarrollo sí incluye estimaciones de los valores más importantes que antes se omitían: la gente, la escala del impacto ambiental, la tecnología y la naturaleza.

El pensamiento económico tradicional está basado en la optimización de los recursos escasos. Los recursos muy abundantes, o “infinitos”, como la luz del Sol, no se contabilizan porque se suponen renovables y siempre disponibles.
Sólo cuando un recurso es escaso es que se toma en cuenta en economía, cuando es muy abundante y está disponible “con sólo pedirlo”, no es necesario tomarlo en cuenta, ¿o sí? Ese es el punto de partida del antiguo modo de pensar en economía. Por los recursos escasos había que pagarle a alguien que los proveía, y esos recursos escasos tenían un valor mercantil, se podían hacer incluso trueques de cosas dispares igualando su valor económico o monetario, es decir, poniéndoles precio.
De esa manera se excluyeron de las cuentas de las actividades humanas y después de las fábricas y de las cuentas de las empresas multinacionales los gastos de agua, aire y luz solar, por poner un ejemplo. ¿Cómo contabilizar algo que no tiene valor en el mercado? O mejor aun, ¿cómo darle valor a algo muy abundante y que está disponible con sólo pedirlo?

Hoy somos muchas más las personas que vivimos en el planeta que cuando se desarrollaron los modelos económicos y las ideas básicas sobre el capital, la renta, la moneda, la banca comercial, etcétera y, por otro lado, nuestra influencia, potenciada por las nuevas capacidades tecnológicas, es claramente dominante y muy superior a la de antaño. Estas dos diferencias, el tamaño de la población y la escala de su impacto potenciada por la tecnología, son sustantivas y hacen necesario un cambio en la forma de medir y estimar la influencia de la humanidad, y también hacen necesario tomar en cuenta los recursos “ilimitados” porque ya no están muy lejos de la escala de la influencia de las empresas humanas, pues sumadas todas ellas sus influencias son de alcance planetario. Es decir, y quiero ser muy claro al respecto, al tratar de conceptos económicos para las decisiones de gestión de recursos y para el diseño de leyes y reglamentos que impactarán a muchas personas debemos pensar en escala planetaria, pues es a esa escala que la humanidad está influyendo el funcionamiento de la naturaleza.

No fue sino hasta hace relativamente poco, último tercio del siglo XX, que se sugirió que las economías de los países tomaran en cuenta los recursos naturales en su contabilidad nacional y los incluyeran en las cuentas del gobierno y/o en las estadísticas nacionales como parte del reporte del Producto Interno Bruto. Se supone que México, a través de la secretaría del ramo, la SEMARNAT, en coordinación con las secretarías de economía y de hacienda y el Banco de México, hacen esta contabilidad, pero no se publican esos números. Lo poco que está publicado es insuficiente, con poco detalle, y es viejo, antiguo, no se le da el seguimiento que requiere ni se hace con la minuciosidad y reproducibilidad que debería. No es muy difícil incluir la cantidad de biomasa estimada o la cantidad de reservas de agua dulce, la cantidad de madera en pie, etc., todos ellos son conceptos semejantes a lo que ya se hace con las reservas de petróleo o carbón. Pero no se ha hecho de manera regular, entre otras cosas porque la asignación de valor a los recursos naturales y a las funciones de la naturaleza no son algo que se haya hecho antes y muchos de esos recursos no tienen un mismo “valor monetario” para distintos economistas. También es posible que algunas estimaciones se hayan hecho pero no se hayan publicado porque los números no son precisamente halagüeños y a los gobiernos les gusta que se publiquen las estadísticas de manera que parezca que lo que hacen significa algún progreso, algún cambio positivo respecto de la administración anterior.

Los recursos naturales pueden y deben contabilizarse para que las personas en general, así como los tomadores de decisiones y los oficiales de los gobiernos, en particular, estén enteradas de los costos reales de las decisiones.
Pero contabilizarlos no es lo mismo que igualarlos a valor metálico. El valor económico de un bosque como proveedor de oxígeno, un subproducto de la fotosíntesis, actividad biológica que fija el dióxido de carbono atmosférico, es un si se mide en biomasa, es otro si se mide en madera en rollo, es otro si se mide en biodiversidad, y estos valores no pueden aislarse del bosque como no puede aislarse la producción de biomasa total de la síntesis de clorofila. Así que si la biomasa del bosque aumenta, debe aumentar la cantidad de madera en pie, como diría un ingeniero forestal, pero no todas las áreas verdes en crecimiento son bosque. Hay áreas verdes en crecimiento estacional que se cosechan antes de cumplir un año, en ellas, el crecimiento neto es cero, porque se cosecha más o menos la misma cantidad cada año. Si eso se vende y se obtiene un beneficio económico este debe restársele al valor del área verde anterior, fuera bosque, pradera o pastizal. Pero en estas sumas y restas no se ha tomado en cuenta la capacidad del bosque para fijar CO2 y devolver oxígeno, lo cual muy bien puede tener un valor económico y se pueden hacer negociaciones en bonos de carbono.

La tendencia analítica y simplificadora del economista es parte de su método de trabajo, que nos ayuda a entender la naturaleza y las relaciones económicas; pero no debemos menospreciar la complejidad de la naturaleza, la complejidad en si misma implica riqueza.

Una empresa cualquiera refleja en sus cuentas el capital y algunos de los recursos con los que cuenta para generar bienes o servicios. Al revisar esas cuentas nos podemos dar cuenta de que no se incluyen los servicios de la naturaleza ni el valor de la gente, si acaso, el costo laboral; en cuanto a la tecnología, a veces se incluyen costos de capital fijo o depreciación de equipo, pero nada que nos diga el tipo de tecnología ni la escala de trabajo. Los servicios que presta la naturaleza a la empresa no sólo no son tomados en cuenta regularmente sino que se suponen siempre disponibles sin importar lo que la empresa haga ni su ubicación. Esta es la esencia de la economía, su sencillez, el valor de la conversión de activos y bienes a cantidades comparables con monedas, que es a su vez, su mayor defecto, debido a la sobre–simplificación de la información, que resulta en una pérdida neta de información para los que leen las cuentas.
Es de esta manera que una empresa de pesca puede mandar su flota a pescar y medrar, con el tiempo mejorar sus artes de pesca y pescar cada vez más y más eficientemente hasta que un día la pesca resulta una pérdida … la inversión en “capital de trabajo”, capacitación y demás ha provocado una capacidad de pesca que ha excedido la capacidad de regeneración de los bancos de peces y ya no hay ganancia o beneficio, sino una pérdida puesto que el esfuerzo de pesca implica un costo mayor al beneficio obtenido. ¿Por qué no resulta un beneficio para la empresa pescadora si tiene los mejores barcos y los mejores aparatos de localización por sonar? Porque ya no hay suficientes peces. ¿Cómo puede sucederle esto a una flota pesquera con tanto talento y tanta tecnología? Porque planificaron su operación a corto plazo y sin incluir en sus cuentas la dinámica de la naturaleza, ni la relación entre esta y la escala de su operación ni el impacto de su tecnología en la dinámica de las poblaciones de peces. Esta historia de las empresas pescadoras, que parece un disparate de ciencia ficción, ha ocurrido varias veces y se ha documentado, por ejemplo, en California, en la bahía de Monterrey, en Ecuador con la pesca de las anchoas, en el Mar del Norte, en el Mediterráneo, etcétera.

Esta forma de razonar, planear, hacer cuentas y tomar decisiones de inversión ha sido la historia de la economía occidental de los últimos trescientos años. La escala de las acciones del hombre, hasta poco después de iniciada la época de la revolución industrial, no influía de manera amplia en la economía de la naturaleza; los impactos de las actividades industriales eran, en su mayoría, locales. Y como la economía occidental se ha convertido en la economía dominante, con colonias y con imitadores en todo el mundo, los patrones de pensamiento que dominan la toma de decisiones son herederos de esta forma de trabajo, que si no se adecua a la nueva realidad tendrá consecuencias trágicas.

Las “Leyes” de la Ecología


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Las  Leyes  de  La  Ecología.

 

Por:  Manuel  Algara  Sánchez de las Matas

 

Las primeras leyes de la ecología popular las propusieron Garret Harding y Barry Commoner.

 

Leyes de Ecología de Garret Hardin (1993)

 

 

          Primera Ley de La Ecología:

Una persona no puede hacer sólo una cosa

 

Esto implica que siempre hay relaciones e interacciones entre las partes de un ecosistema y los procesos que allí ocurren. Por lo tanto, una persona hace algo que provoca otras consecuencias en algún otro lugar. Es decir, las acciones que una persona hace con un propósito bien definido, tienen otros efectos, algunos de ellos inadvertidos, ya sea cerca y pronto, o más lejos y / o a un plazo mayor.

 

Barry Componer propuso:

Todo está conectado a todo lo demás

Esto implica que cualquier cosa o persona está conectada, por los fenómenos de la vida y los ciclos bio-geo-químicos con otras cosas y personas; lo que unos hacen en un lugar tiene repercusiones en otras personas y/o lugares.

 

 

 

          Segunda Ley de La Ecología de Garret Harding:

No existe un lugar lejos a donde tirar nuestros desperdicios.

La versión de Barry Commoner es:

Todo va a algún lugar.

 

Esto es un recordatorio a nuestra sociedad de consumo de que vivimos en un planeta finito, y que los ecosistemas tienen una capacidad bastante limitada para absorber nuestros desperdicios y autodepurarse. Por más “lejos” que tratemos de enviar nuestros desperdicios, ellos siempre, de alguna manera, regresan a nosotros. Esto es consecuencia de la gran fuerza de los ciclos bio-geo-químicos y de que, para la naturaleza, no hay fronteras como las político-administrativas de las organizaciones humanas.

Esta segunda ley de la ecología popular es la que ha sido mejor documentada y es aceptada por los científicos. Está relacionada con la ley de la conservación de Lavoisier y con las demás leyes de la física y la química. Esta segunda ley es la que nos explica cómo es que un plaguicida usado en una plantación de algodón en la cuenca del Mississippi termina en un plato de camarones al ajillo en Veracruz. Las sustancias químicas no desaparecen por arte de magia una vez que ya no las necesitamos. Es esta misma ley la que explica cómo la radioactividad liberada por los cientos de pruebas atómicas de las grandes potencias y de los pocos pero terribles accidentes nucleares nos está afectando hoy y nos seguirá afectando por miles de años. Los elementos radioactivos no desaparecen de la faz de la Tierra una vez terminadas las pruebas nucleares.

 

 

La siguiente “ley” de Harding es la

Ley del Impacto Ambiental.

          Tercera Ley de La Ecología:

 

El  IMPACTO Ambiental  provocado por un grupo humano, una sociedad, o una nación en los ecosistemas se mide por la relación

 

  I = P X A X T

 

Donde I es el Impacto ambiental, P es el tamaño de la Población, A es la Afluencia económica o poder adquisitivo promedio de la población y T es la Tecnología usada para satisfacer el consumo.

 

Implica que la población tiene un impacto ambiental que crece conforme aumenta el número de personas, mejora su nivel adquisitivo o las técnicas para satisfacer el consumo, o cualquier combinación de las tres. La única manera de mantener o reducir el impacto ambiental es reducir el consumo per cápita, reducir la población, o disminuir la disponibilidad de los bienes de consumo, o una combinación de las tres que resulte en un producto menor. Desde un punto de vista tecnológico, la única forma de disminuir el impacto ambiental sería reduciendo el flujo total de bienes de consumo y la salida de desperdicios mediante programas integrales de reuso o reciclaje.  

Esta “relación matemática”, aunque no ha sido probada y los coeficientes no han sido definidos de manera satisfactoria para todos, es aceptada desde un punto de vista general, es decir, como una afirmación que es verdadera en lo general aunque su forma exacta no lo es.

          Se puede inferir de la forma de la relación lo siguiente:

La capacidad de carga de un ecosistema, relativa a una población, o de la biosfera para toda la especie humana, depende de la disponibilidad de recursos, la velocidad de consumo y la velocidad de crecimiento de la población. La capacidad de depuración de un  ecosistema, por lo general, no puede ser mejorada por la sociedad sin grandes inversiones o cambios tecnológicos (por ejemplo, sustituir un empaque resistente por uno lábil y biodegradable, lo cual no es algo que los fabricantes deseen para empacar sus productos). Mientras la población crece por debajo del límite, o sea, por debajo de la capacidad de carga, ni los recursos ni la capacidad de autodepuración de los ecosistemas son limitantes. Conforme la población se acerca a los límites del ecosistema, algún componente o proceso se convierte en limitante y la calidad de vida ya no puede mejorar. Dicho de otra manera, la población puede crecer dentro de ciertos límites pero si los excede el costo implícito es la disminución en la calidad de vida de muchas personas. Hoy por hoy, muchas personas viven en condiciones muy poco agradables, lo que resulta de cómo se han administrado los recursos locales (tanto por los pobladores como por los comerciantes y las grandes transnacionales) y por cómo han crecido la población local y sus demandas sobre los servicios que los ecosistemas les proveen; sin que hayan hecho lo necesario para proteger la capacidad de los ecosistemas para proveerles de dichos servicios. Una de las consecuencias de esta ley es la extinción de especies que compartían el hábitat con nosotros y que fueron desplazadas por el crecimiento de la población humana y la invasión de los terrenos que ocupaban. 

 

La cuarta ley de la Ecología, o “Tercera Ley de Commoner” es que

“La naturaleza lo sabe y lo hace mejor”

 

Si queremos hacer algún cambio en el funcionamiento de un ecosistema será mejor que lo hagamos de acuerdo con las formas de funcionamiento de la naturaleza. Por ejemplo, para repoblar un terreno que ha sufrido una catástrofe, como puede ser un incendio, es mejor usar las especies autóctonas que importar especies exóticas.  

 

La quinta ley de Commoner es

“No existe ningún proceso gratuito”

 

Se desprende de las leyes de la termodinámica y de las primeras tres leyes mencionadas arriba. Cualquier proceso, sea natural, sea de intervención social, tiene un costo ambiental, lo veamos o no. 

 

Ver, además, las leyes esenciales de la Ecología según David Suzuki:

http://www.buddycom.com/ecol/Brainfood/EcoLaws.html, que incluye las Leyes de Harding y otras.

 

Existe un artículo científico serio que aborda este asunto:

Colyvan M. y Ginzburg L.R. 2003 “Laws of Nature and Laws of Ecology” Oikos, Vol 101, n 3, June; pages 649-653.