Ahorro de Agua

Manuel Algara Sánchez de las Matas

Hace unos días decidí que tenía que hacer algunos cambios en cuanto al consumo de agua. Vivo en una casa viejita que compré hace muchos años; mis hijos eran aún niños y jugar en el jardín era algo importante. Como consecuencia, los muebles eran de otra época. Incluidos los del baño. Entonces yo distribuía unos ingenios mexicanos para ahorrar agua: “regaderas ecológicas” y ahorradores de agua para salida, de tipo de restrictor de flujo, pero mejores. ¿Por qué mejores? Porque funcionaban bien sin importar la presión de agua. De hecho, a mayor presión de agua, mayor ahorro respecto de la regadera convencional, con la ventaja añadida de que, a máxima presión, el flujo máximo era 9  (nueve) litros por minuto. ¡Una maravilla! Diseñados por ingenieros mexicanos y patentados.

Pues, desde luego, cambié todas las regaderas de la casa: dos. En fin. Yo admito que no era gran ahorro, a nivel de la ciudad, pero sí a nivel de nuestro consumo. Nuestra aportación familiar al ahorro de agua en la ciudad era modesta pero consistente con nuestras posibilidades. Además, regalé varias de esas regaderas ecológicas a mis familiares y vendí las que pude. Otro ahorro era en nuestras conductas respecto del uso del agua, en general. Por ejemplo, en la época de secas (como ahora), el jardín de mi casa no se parece a un jardín típico de Cuernavaca. Usamos poca agua para regar las plantas, sólo la suficiente para que no se mueran. La consecuencia es que el “pasto” no parece campo de golf, como en las casas de mis vecinos, sino lote baldío que sufre el inicio de la época de secas, una época de secas que no llega del todo.

Yo sé que la cuestión estética es muy importante para algunas personas. Para mí, la coherencia entre lo que uno hace y lo que uno dice es más importante que la estética, en especial la de los modos de consumo irracionales.

Regresando al presente.   El consumo de agua en casa, aunque no muy grande, sigue siendo mayor al que me gustaría. El problema son los retretes. Aunque les hice algunas modificaciones, aún gastan mucha agua. Escribo esto porque sé de la existencia, ya hace varios años, de los muebles diseñados para consumir mucha menos. Incluso los hay con doble control de flujo en la caja, “para el uno, y para el dos”, tres y seis litros, respectivamente. Pues qué mejor que comprar de esos muebles para sustituir los viejos. Como tenía un poco de dinero ahorrado, decidí “ir de compras”; a ver precios y hacerme un presupuesto para el cambio.

¡Sorpresa! Las tiendas en la ciudad SIGUEN OFRECIENDO Y VENDIENDO LOS MUEBLES VIEJOS QUE CONSUMEN MUCHA AGUA. Me parece que esto no debería ser. ¡Pero eso no es lo peor! Los muebles antiguos que consumen mucha agua, esos que no deberían estar a la venta, los ofrecen a un precio muy inferior al de los  modernos que consumen menos.

Yo sé que los consumidores podemos elegir entre comprar un retrete “normal” de seis cientos pesos o uno ahorrador de mil quinientos. Es nuestra decisión. Pero no tiene sentido lo que veo en las calles …

¿Cómo justifican los comerciantes sus ofertas y sus precios? ¿No tienen conciencia ambiental?

Y ¿qué se puede decir de las autoridades en el ramo ambiental? ¿Por qué hay tanto apoyo para ahorro de energía y no lo hay para ahorro de agua?  Ahorrar agua, por si no lo saben, ahorra energía, mucha. Y el ahorro en energía es proporcional al ahorro en el consumo de agua, pues toda el agua que consumimos en Cuernavaca, de hecho, proviene de pozos y tiene que ser bombeada para que llegue a las casas. Allí, otra vez suele ser bombeada a los tinacos.  El ahorro podría ser doble, en agua y en energía, si las autoridades tuvieran políticas coherentes con lo que predican y con las leyes y reglamentos que están en vigor.

Tendré que ahorrar un poco más, me refiero al dinero, para hacer los cambios de muebles en el baño, porque los haré por muebles que ahorren agua, así tenga que gastar en dinero el equivalente en ahorro de consumo de agua de varios años . . . es una locura, desde la perspectiva del Homo economicus,  pero es la conducta coherente con mi postura respecto del asunto, desde la perspectiva ecológica. Seguiré despilfarrando agua por unas semanas cada vez que le de “al water”. Ya les contaré cómo resolví el problema de los retretes.

 

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