Hacia una Política de BASURA-CERO

Hacia
Basura Cero

Por: Manuel Algara Sánchez de las Matas

 

La idea de generar lo menos posible de desperdicios debe concebirse no sólo desde la conducta de los consumidores sino desde el diseño de los satisfactores y como parte de una estrategia de estado en cuestiones de economía y desarrollo. Que los consumidores hagamos nuestra parte limpiando, separando, reduciendo el consumo y reciclando en la medida de lo posible es una meta loable y digna de todo nuestro apoyo; es muy importante y es necesario. Debemos ayudar a los consumidores en esta tarea, pues es un trabajo no remunerado, un trabajo voluntario pero esencial para disminuir el flujo de desperdicios hacia los rellenos sanitarios. Igual que le pedimos a la gente que se lave las manos para evitar el contagio de enfermedades, como la influenza y algunas enfermedades diarréicas, lo cual redunda en un beneficio para todos y a nadie se le paga por lavarse las manos, de la misma manera debemos apoyar y difundir las buenas prácticas de separación. Una forma es la ubicación de botes para desperdicios con color, letrero y dibujo que le permita a las personas separarlos con facilidad. Deberían estar, este tipo de contenedores, en todas las tiendas, todos los comercios, todas las escuelas, todas las oficinas.

Eso ya sería un gran avance. Sin embargo, no es suficiente, de hecho, es poco si no se hacen otras cosas. Si no se incluye el diseño de los bienes de consumo y todo el modelo de producción y comercialización, y las leyes que los regulan, se omite una parte esencial del problema: el consumismo y el modelo económico que se basa en él.

El asunto del aumento en la producción de la basura lo hemos creado nosotros mismos. Como referencia: En 1950, un mexicano producía medio kilogramo de basura al día, hoy producimos, en las ciudades un promedio de 1.3 Kg (un kilo y trescientos gramos) de residuos sólidos por persona cada día.

Hace no mucho tiempo, casi todo lo que consumíamos en nuestras casas era biodegradable o reciclable. No había gran cosa de desperdicios y casi todos ellos eran, por fuerza, biodegradables o reciclables. El ejemplo que más me gusta es el de la leche y el pan, porque yo lo viví de niño y algunos de ustedes pueden todavía entender de qué hablo… además se puede ver en las películas de época… La leche la repartía un ranchero en su carromato jalado por caballos, en botellas de vidrio de un litro llenas que canjeaba por botellas iguales limpias y vacías que recogía de la puerta de cada domicilio una o dos veces por semana. Los rancheros más modernos y con mayor producción tenían un trato con repartidores que tenían camionetas motorizadas, las botellas tenían un logotipo impreso o labrado, o el letrero estaba en el tapón, pero la idea esencial era la misma y las botellas de vidrio eran casi iguales y eran reutilizadas y reciclables. El único desperdicio era el tapón. Recuerdo que esa leche era muy sabrosa y entera, se le formaba una capa de nata arriba. Mi mamá hizo pastel de nata más de una vez. El pan lo íbamos a comprar a la panadería de la colonia y nos lo entregaban en bolsas de papel-cartón. Las panaderías grandes daban bolsas que tenían impreso su nombre y un logotipo. Por lo demás, las bolsas eran iguales y eran reciclables. No había desperdicio ni en el consumo de leche ni en el del pan. La bolsa de papel-cartón se usaba dos o más veces, hasta que se rompía, y luego, esa bolsa se tiraba, pero era material reciclable. Se usaba para producir empaque para huevo. No había desperdicio.¿Por qué no, por ejemplo, se prohibe la venta de bebidas y alimentos en botellas y en empaques “no-retornables”? La prohibición de venta de bebidas en botellas no retornables ya se ha hecho en otros lugares, con consecuencias muy positivas a mediano plazo. A corto plazo sí provocó ligeros desajustes, desabasto de algunos productos, pero se corrigió muy pronto pues los fabricantes ya sabían que existía la demanda para su producto, lo único que tenían que cambiar era el envase y tenían que recoger los envases vacíos a la hora de entregar las botellas nuevas llenas. Era algo costoso, pero buena parte del costo se le pasaba al consumidor. Pero, además, esto ayudó a reactivar industrias locales de producción y envasado de bebidas y se reforzaron los mecanismos de comercialización de materiales recuperados a partir de los RSU.La llegada de la era moderna con las grandes empresas y las grandes fábricas cambió
los hábitos de consumo. En 2010, un mexicano producía, en promedio, 1.3 kilogramos de residuos sólidos, es decir un kilo y tres cientos gramos, más del doble que en 1950. Si a este aumento en el consumo de bienes y servicios va unido un aumento en la producción de residuos sólidos, a nadie le causa extrañeza. Sin embargo, hay dos consideraciones muy importantes. Primero, no somos la misma población que en 1950. Hoy somos más de ciento doce millones de habitantes, en 1950 eran (yo aun no había nacido) 25.8 millones. Si tomamos las dos cantidades y hacemos la multiplicación vemos la relación de la producción de RSU de 2010 a 1950:

Inicio, año 1950, población de México X producción de residuos por persona,  25.8 millones de personas X 0.5 Kg RSU / persona día = 12,900 Ton RSU / día
Final, año 2010, población 112.3 millones de personas X 1.3 Kg RSU / persona día = 145,990 Ton RSU / día

La población, como sabemos por las historias de “la explosión demográfica” de hace unas décadas, aumentó mucho: Cuatro veces en sesenta años … pero

¡La producción de RSU ha aumentado más de ONCE VECES! ¡Once veces en sólo sesenta años!

Segundo, muchos de los RSU que producimos hoy son tóxicos al ambiente y no existían o eran de consumo muy limitado en 1950. Por ejemplo, las pilas, las baterías para los controles remotos. Estos hoy son algo común, antes eran algo limitado a los aficionados al vuelo de aviones de control remoto. También existen hoy muchas sustancias xenobióticas que no existían en 1950. (Xenobiótico quiere decir artificial y ajeno a lo biológico, sustanicas extrañas a las producidas por el metabolismo de los seres vivos; por ejemplo, el bisfenol A, o BPA por sus siglas en inglés. El BPA es un componente que podemos encontrar en todos los plásticos. Se ha vuelo un componente clave en la síntesis de plásticos, desde el policarbonato al poliéster. Solo en E.E.U.U. se produce más de un millón de toneladas al año de este compuesto. Desde 1936 se sabe que el BPA mimetiza a los estrógenos uniéndose a los mismos receptores que la hormona esteroidea femenina. Los experimentos han demostrado que este compuesto puede promover el crecimiento de las células tumorales del cáncer de mama y disminuir la cantidad de espermatozoides. Especulando, es posible que esté conectado a otros tipos de cáncer. Lo que sí es verdad es que implica un riesgo y ya hay empresas fabricantes que han tomado esto en cuenta. Por ejemplo, hay fabricantes de biberones libres de BPA)

Hacia BASURA CERO

La leche no se compra ya en envases de vidrio reciclables, pues “son muy caros y pesados”, así que hoy la leche se vende en tetrabrik o en botes de cartón plastificado o en el envase más ligero de todos: bolsas de plástico. Todas, o casi todas, con letrero y logotipo impreso. Todas esas botellas, todos esos envases, todas esas bolsas se usan una sola vez. Aun peor es lo que se ha popularizado con los motivadores de la “comodidad” y el “ahorro de tiempo”. Hay envases de leche de medio litro, de un cuarto de un litro y hasta más chicos. Y todos ellos se usan una sola vez. Así que antes la leche sólo se compraba en envases de un litro o directo al productor, en cantidades mayores. Hoy se compra en envases de un litro y menores, hasta los envases de tamaño individual para el lunch de niño. Esto en sí no sería un problema si dichos envases fueran fácilmente biodegradables y/o reciclables y en efecto se llevaran a hacer composta o se usaran como materias primas para hacer otras cosas.

El pan todavía se puede comprar en la panadería de la colonia, pero la mayoría de las panaderías de hace tres o cuatro décadas han cerrado y muchos consumidores compran el pan en el súper-mercado, el súper, donde obtienen pan de caja, de una o dos marcas, en bolsas de plástico, con un lacito de metal y plástico, con letreros y logotipo impresos, y el pan dulce en bolsa o empaque de plástico. Todo ese plástico y todo ese material de empaque se usa una sola vez.

Ahora quiero dar un ejemplo de cambio en el diseño para mejor.

Tomemos las bolsitas de te. Lo tradicional en el ramo comercial es una bolsita con un hilo atado a una etiqueta individual. Cada bolsita tiene un hilo y una etiqueta. En muchos casos, la forma en que se unen la bolsa y la etiqueta con el hilo es mediante pequeñas grapas. Esta es una de las formas más comunes. Un fabricante que ha hecho un esfuerzo de diseño ha cambiado todo esto por una bolsita individual en forma de almohada. No hay hilo ni grapas ni etiqueta individual. Cualquiera diría que es un paso hacia atrás, que se pierde estilo, o clase, pero no lo es, en cambio sí es un paso en la dirección correcta. Aunque parece poco, se ahorra mucho y al final, todos esos hilos, grapas y etiquetas que no van pegadas a las bolsitas de te no terminan en el relleno sanitario. Pensando en un millón de personas que toman te, un millón de bolsitas de te en un día, hablamos de un millón de hilitos, dos millones de grapas y un millón de etiquetas de papel ahorrados.
El diseño moderno va un paso más adelante. La bolsita en forma de almohada está hecha de un papel fácilmente degradable, es decir, es biodegradable. Y el contenido de la bolsita, igual que antes, es materia vegetal, biodegradable, así que la bolsita ya usada se puede poner en la pila de composta sin necesidad de trabajo alguno por el consumidor.

El resultado es que no hay desperdicio y no hay necesidad de llevar nada al relleno sanitario pues la caja de cartón en que vienen las almohaditas de te es reciclable, el cartón se usa como materia prima para hacer más cartón y materiales de empaque.

No hay desperdicio = BASURA CERO.

El siguiente paso hacia BASURA CERO

Parte de las Relaciones Públicas (RRPP) es preparar las respuestas ante una crisis. La respuesta específica no puede ser planeada ya que se ignora, en casi todos los casos, cuál será la crisis. Sin embargo, sí se puede planear cómo se responderá ante una crisis. Por ejemplo, cuando se requiere publicar un documento para aclarar una situación especial, lo que algunos llamarían “respuesta inmediata ante una crisis”, es necesario tener ya una plataforma, un conjunto de relaciones con los medios, definiciones claras de qué es lo que se debe y lo que no se debe hacer.

En el caso de “La Perseverancia”, el relleno sanitario de Cuautla, debe entenderse la perspectiva del público. La empresa hace un servicio de manejo de residuos sólidos, es la permisionaria de un sitio de disposición final. Para la mayoría de las personas, los RSU y su disposición final son cosas de las que prefiere permanecer ajena. Sin embargo, todos pueden admitir, fácilmente, que son generadores de RSU. Si la “disposición final” se hace a través de un relleno sanitario controlado o a través de otros medios y procedimientos, eso es cosa que la gente no piensa, a menos que se le obligue a ello. Por lo tanto, es necesario crear ese conocimiento, esa conciencia, en los ciudadanos de Morelos, en especial los vecinos de Cuautla, para que identifiquen a “La Perseverancia” como parte de la solución al problema de la disposición final de los RSU. ¿Cuál es el problema de la disposición final de los RSU? Si los RSU no son manejados de manera apropiada provocarán contaminación indeseada, de agua, de tierra y de aire, proliferación de fauna nociva, y problemas de salud pública diversos. El manejo apropiado de un relleno sanitario, de acuerdo a la norma 083, que es la que tenemos ahora, evita estos problemas.

La sociedad en pleno puede discutir si quiere o no quiere tener un relleno sanitario, como “La Perseverancia”, al lado de su casa. Los ciudadanos de Cuautla pueden quejarse de que tienen un relleno sanitario dentro de su municipio. Ya quisieran los ciudadanos de otros municipios, como Cuernavaca, tener ese tipo de discusión. Pero en lo que todos estamos de acuerdo es que hoy por hoy estamos obligados a usar un relleno sanitario como este; por ejemplo, Cuernavaca no tiene mejor opción que el relleno sanitario de “La Perseverancia”.

Si queremos que no existan los rellenos sanitarios es importante crear las condiciones para sustituirlos por otros métodos; esto implicará un cambio en el conjunto de conductas de consumo, métodos de comercialización, distribución y fabricación de los bienes de consumo, y las empresas que recibirán los RSU para su tratamiento y disposición final. Tiene que haberlas, no se puede evitar la generación de RSU, se puede disminuir, se puede minimizar, pero no se pueden desaparecer. La generación de RSU es inherente a las actividades humanas. Las formas en que disponemos de ellos, las formas en que decidimos reusar o reciclar algunos materiales y no otros, los lugares a donde llevamos los RSU que ya nadie quiere aprovechar, esas son las cuestiones que debemos discutir, en esto es en lo que nos podemos poner de acuerdo. Si queremos una sociedad sin basura tenemos que definir una política de BASURA CERO.

Como encargado de Relaciones Públicas y Ecología del relleno sanitario “La Perseverancia” me siento obligado a participar en la que será la crisis de la basura dentro de unos años, es decir, cuando “La Perseverancia” ya no pueda recibir un kilogramo más de RSU, cuando, como en el Bordo Poniente en 2011, se ejecute su cierre definitivo.

El escenario idóneo, desde mi punto de vista, es que para ese momento ya se tenga resuelto el problema de la disposición final de los RSU como parte de una política de
Basura-Cero, es decir, que haya otras alternativas a “La Perseverancia” y que estas NO SEAN rellenos sanitarios.
La tierra es uno de los recursos naturales más preciados, y un recurso limitado. El relleno sanitario requiere de ese recurso valioso, finito y limitante que es la tierra. Usar tierra para enterrar basura es una forma poco inteligente de usarla. Es mejor plantar árboles, hacer un parque público, etcétera.

 

Los culpables, si se le quiere llamar así, de la siguiente emergencia sanitaria, seremos nosotros. Usamos demasiadas cosas, desperdiciamos demasiadas cosas y consumimos mucho sin pensar en las consecuencias ambientales. Creer que con separar algunos desperdicios de otros y llevarlos en bolsas separadas a la banqueta para que se los lleve el carro de basura es suficiente, es un error. Debemos hacer más. La gran mayoría de los llamados rellenos sanitarios de Morelos son en verdad tiraderos a cielo abierto y sin la adecuada disposición final de los residuos sólidos, de continuar así, en poco tiempo se podría generar una emergencia sanitaria. Antes de que eso ocurra debemos aprovechar la infraestructura actual y empezar a trabajar en su sustitución mediante un programa estratégico a largo plazo que incluya, propongo, una política de Basura-Cero.