Energía Nuclear

 

El desastre nuclear de Chernobyl, Ukrania, en 1986, fue la primera llamada de atención a los ciudadanos y gobiernos, especialmente en Europa, sobre el peligro que representan los reactores nucleares a largo plazo. Todavía no han ocurrido desgracias, que se sepa, debido a los lugares donde se almacenan los desechos radioactivos de los reactores.

Sin embargo, ya que aquel desastre se debió principalmente a errores humanos, los políticos y las grandes corporaciones a favor de la energía nuclear no vieron la necesidad de cambiar sus programas o políticas significativamente, quizás sólo hacer revisiones sobre seguridad y mejorar los programas ya existentes.

Después del terremoto y posterior tsunami que dañaron los reactores nucleares japoneses en Fukushiima, Japón, en marzo de este año (2011), diferentes países han reconsiderados sus posturas respecto de la energía nuclear.

Suiza abandona su programa de energía nuclear.

Alemania revierte su política y decide acelerar la salida de sus plantas nucleares.

Por otro lado, Francia sigue en las mismas. Esto no es de extrañar, realmente. En Francia, la energía nuclear es algo grande: más de 3/4 de la electricidad que se genera en Francia proviene de reactores nucleares.

En Japón recién acaban de aceptar que algunas de las pescas recientes han mostrado niveles altos de radiación, aunque aun no han sobrepasado los límites que permite su legislación. Pero la venta de detectores de radiación nuclear se ha disparado y parece que cada vez más ciudadanas revisan la compra con sus detectores. Incluso jóvenes, hombres y mujeres, están haciendo rondas de inspección con sus detectores.

Ahora se verá de qué están hechos los franceses y si las consideraciones medio-ambientales y de salud pueden pesar más que las económicas y si tienen cabida o no en la toma de decisiones a largo plazo. No cabe duda de que los franceses no pueden abandonar su programa nuclear de un día para otro, pero que deberían cambiar su política e invertir masivamente en energías renovables tampoco me cabe duda.

Las lecciones de Chernobyl y Fukushiima son amargas.

Los japoneses ya están haciendo esfuerzos para disminuir su consumo de electricidad y evitar el despilfarro.

En Francia seguro que se han puesto a pensar.

¿Cambiarán su programa energético pronto?

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